Prólogo

Deslices y antojos lingüísticos en los medios de comunicación

 

¡No me hables así!

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Prólogo (fragmento)

«Antes de la palabra», eso significa prólogo. Pero poco hay, antes de la palabra, parecido a lo que conocemos como civilización: somos el resultado de nuestra capacidad de articular. Los castellanohablantes, además, tenemos la suerte de poder comunicarnos directamente con muchos millones de personas pertenecientes a ámbitos culturales muy distintos. Que nuestro idioma contenga una gran diversidad y que no se deje doblegar fácilmente es natural y también saludable, puesto que una lengua porosa y rica es capaz de responder a más sensibilidades y puede adaptarse a más realidades, contagiándonos esa suerte. Como es natural, como contrapartida deberemos estar más atentos: esforzarse por la corrección al expresarnos no es una manía de unos pocos pedantes, sino nuestra mejor baza para mejorar la sociedad, ya que todo cambio empieza tras la verbalización de una idea; y si es tarea de todos, cuánto más mimo deberán dedicar quienes tienen como herramienta de trabajo a la lengua; el papel que desempeñan los comunicadores es fundamental para, mucho más allá de ser modelo normativo, contribuir a la cohesión, reflejar riqueza de expresión e inculcar respeto por nuestro asombroso instrumento de entendimiento y progreso.

 

Nuestra intención con esta nueva propuesta de reiterados argumentos es facilitar una suerte de manual práctico para contribuir a erradicar de una vez ese puñado de errores recurrentes que tanto entumecen y debilitan los contenidos y dan como resultado una expresión cada vez más artificial y despersonalizada y, en consecuencia, limitada. Aunque hemos tenido en cuenta las propuestas de la Real Academia Española de la Lengua, opinamos que sus criterios de inclusión y exclusión de términos son a menudo discutibles y basamos por tanto nuestras sugerencias y comentarios en las aportaciones contrastadas de varios diccionarios de prestigio y en algunos de los trabajos de la red con mayor presencia.

 

La insistencia en estas páginas en apurar algunos casos que puedan parecer nimios es una llamada a desnudar el discurso, en gran medida muy automatizado, para proponer una lectura puntillosa y renovada; para que los medios en particular esta vez sí se den por aludidos, aportamos numerosos ejemplos de prácticas revisables: los asteriscos no siempre indican una incorrección, pero sí que no nos parece la mejor opción. Quedamos, por supuesto, abiertos al debate, puesto que se trata precisamente de, entre todos, fijarnos más y mejor. Advertimos de que nos hemos centrado en la perspectiva de España por ser nuestro entorno cultural: lo que aquí es desaconsejable puede no serlo en otras latitudes.

 

Palestra significa «lugar de debate público», pero también «escuela de lucha». Subamos pues a la palestra de la comunicación y no tiremos nunca la toballa.