Se lo lleva el viento

Deslices y antojos lingüísticos en los medios de comunicación

 

¡No me hables así!

Se lo lleva el viento (fragmento)

No sería justo ni oportuno ir a la caza de todos los lapsus y gazapos comprensibles en la espontaneidad del directo y propios del habla cotidiana, eso a pesar de que los mismos medios se encargan de exponerse mutuamente como parte de la parrilla (buen término este, dado lo mucho que se churrasca en televisión). Deslices aparte, ante las cámaras o detrás de un micrófono se pone de manifiesto en buena medida lo mejor y lo peor de nosotros mismos, en definitiva, lo que nos caracteriza como sociedad y, en el tema que nos ocupa, lo más susceptible y a la vez más complejo de ser tratado. A las numerosas deficiencias que tienen que ver con una insuficiencia educativa específica hay que unirle una evidente falta de interés y, a menudo, un exhibicionismo amparado en pretendida «autenticidad».

 

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- Muletillas

 

Son un vicio muy generalizado que aflora sin medida en boca de entrevistados, tertulianos y no pocos profesionales; se trata, como sabemos, de espasmos propios de quien está muy poco habituado a desarrollar un mínimo argumento, principalmente, además de la mencionada carencia educativa, por falta de costumbre: es difícil que el españolito medio tenga oportunidad de decir más de una frase sin que le interrumpan; por desgracia están muy extendidas precisamente entre quienes deberían dar ejemplo de fluidez en sus exposiciones: comunicadores, docentes, representantes políticos y portavoces de todo tipo de asociaciones e instituciones.

 

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- Coletillas

 

Las coletillas, aunque a veces sean resultonas, por lo común se hacen pesadas, hasta pegajosas, y son impersonales y empobrecedoras; son modas que repetimos de forma automática y a menudo sin venir a cuento, aunque tienen también el lado amable de reflejar el momento cultural al que se pertenece (muy divertido recordar las que nos ha dado el cine): sí o sí, ¿cómo lo ves?, ¿qué le vamos a hacer?, por activa y por pasiva, tolerancia cero, está en el adn, es como todo, en este país, los ¡kafkiano! y ¡dantesco! sin haber leído ni a uno ni a otro; desde el respeto, con cariño o sin ánimo de ofender justo cuando se está a punto de hacerlo; el modernillo ¿sabes lo que te quiero decir? calcado del do you know what I mean? o el cargante con la que está cayendo. Mazo plasta, ¿que no?

- Armarse hasta los morfemas

La tendencia actual en los foros privados y públicos es proveerse de unos prefijos bien sonoros para profundizar el argumento y blandir muchos -istas para ver quién resulta más retórico y mordaz; en el fulgor de los debates-espectáculo se olvida frecuentemente que no basta con poner algo delante o detrás de la bestia para que ande.

 

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Los idiomas en los medios

 

En algunos aspectos, en España es mucho mayor la fuerza del pasado que la idea del futuro. En nuestro caso parece mucho más un problema de mentalidad que una insuficiencia educativa, aunque las aulas cada vez más pobladas no son una ayuda al aprendizaje de un idioma. Con respecto a este tema y mostrando muy poca confianza en el sistema, la RAE da pábulo a uno de los peores vicios de los hispanohablantes: castellanizar la pronunciación de los extranjerismos y «adaptar», es decir, inventar su escritura (nos consta que palabras como bluyín por «blue jeans» provocan risa a muchos estudiantes de español y sonrojo a muchos docentes). Nos parece una conducta desfasada y contraproducente; precisamente por la proliferación y a menudo abuso de barbarismos, es importante que, en caso de usarse, se diferencien claramente tanto en su escritura como en su pronunciación de la lengua en la que nos expresamos. Utilizar una palabra extranjera para definir una nueva realidad no es la mejor opción, pero reconvertirla en una palabra castellana mal pronunciada y mal escrita, y no pocas veces desvirtuada de su sentido original y que, además, puede ser efímera, es aumentar el problema. Dejemos de lado los extranjerismos prescindibles, pero si se decide utilizarlos, lo lógico es que se escriban y pronuncien correctamente.